EL ÚLTIMO BAILE (MARGARET WALKER)
ES UNA DE LAS COSAS MÁS LINDAS QUE HE LEÍDO....
"No hay manera de volver atrás. De pie a la orilla de la pista de baile, las lágrimas me empañan los ojos y el cuerpo me tiembla hasta las rodillas. Dos amigas se acercan a darme ánimos y, cuando me vuelvo hacia la pista, mi hijo me le cede su encantadora novia a mi consuegro y abre los brazos para recibirme. Disimula su nerviosismo menos que yo. -No sé bailar, mamá- reconoce. -Igual que tu padre- le digo. Decido llevar el paso. En cuanto siento su mano tocar la mía, me pongo a contemplar su joven y bello rostro y me embarga la misma mezcla de aprensión y felicidad que sentí cuando nació. Comienza el baile, y nos deslizamos al compás de la música como lo hemos hecho en la vida: no siempre al mismo ritmo pero sí juntos. Le digo que lo quiero y él responde que lo sabe. ¿Sabía que lo amaba en aquella ocasión en que no lo dejé salir a jugar por decir una mentira? ¿lo sabía cuando no le permití quedarse con la tortuga mordedora que recogió del río? ¿y cuando no quise aceptar sus disculpas por llegar a casa con los zapatos mojados, por no haber hecho sus deberes y romper un cristal? ¿lo creía en verdad cuando me hice a un lado y dejé que pagara él sólo sus deudas, ofreciera disculpas y enmendara sus errores?
Reímos, abrazados, mientras giramos alrededor de la pista. Me pisa los pies, y dentro de mis zapatos los dedos protestan doloridos. En son de broma me reclama por no haberle enseñado a bailar. ¡Pero sí le enseñé! Bailará la danza de la vida, a veces al compás y a veces perdiendo en ritmo, pero sin olvidar jamás la música.
Hoy, en medio de la pista de baile, no soy la tímida mujer de siempre. Me dejo llevar por mis impulsos en este increíble momento al lado de mi hijo. La dicha que siento casi me abruma, pero al mismo tiempo me invade la angustia.
De manera tan abrupta como al cortar el cordón umbilical, la música termina y nos separa. Mi hijo me mira como en su primer día de escuela: lleno de ilusión y ansioso de emprender lo que tiene por delante.
Le tomo la mano y la acerco a la de su esposa. Los ojos de ella han dejado de mirar a su padre, para concentrarse sólo en su marido. Suelto entonces los brazos y respiro profundamente. Nadie me preparó para este dulce alborozo, para esta arrolladora sensación de misión cumplida.
Me dirijo de nuevo a la orilla de la pista. ¿Advierte alguien la diferencia? Sin duda me veo distinta. Mientras me vuelvo a contemplar a los bailarines, la música invade el recinto y mi pie lleva el ritmo con vida propia. Mi esposo se acerca a mí desde el otro lado del salón. Me entrego a sus brazos, y el baile -esa danza maravillosa- continúa".

Aleja dijo
Me hiciste llorar...
30 Octubre 2006 | 03:15 PM